Éste bien podría ser el restaurante preferido de los White Stripes –por aquello de los colores blanco, negro y rojo que predominan en la decoración–, a no ser por la música dance pop que hay de fondo y porque la mayoría de los gays no les gustan los White Stripes; además, de éstos, se sabe que son hermanos o novios, pero no gays.
Ubicado en la calle de Amberes, el 12:30 está dividido en dos niveles: la planta baja, que funciona como bar, y en donde las paredes blancas se encuentran estampadas con códigos de barras. Si la idea es cenar, atraviesa este espacio para llegar al fondo, en donde están unas escaleras que conducen a un segundo nivel con una atmósfera rojiza y mediterránea. En un extremo hay un par de sillones emulando una suerte de lounge; del otro lado, las mesas se desplazan hasta una terraza que da a la calle de Amberes.
La carta del menú es simpática, aunque incómoda (es una hoja que se desdobla hasta convertirse en un tabloide), y la comida ofrece desde entradas, como unos crostinis tostaditos de jamón serrano y aceite de oliva, o unos tacos de marlin, una buena idea que, sin embargo, no llega a ser del todo satisfactoria, pues el marlin no está sazonado y junto a la tortilla de maíz, se vuelven pastosos, sin más sabor que una nota de sal acentuada. También se ofrecen ensaladas un tanto novedosas, como la llamada 12:30, que combina lechugas con unas buenas y jugosas rebanadas de roast beef, y que deja escaldada la lengua –pero rico– por su aderezo de mostaza y miel. También hay pastas, carnes y aves preparadas en forma convencional.
El servicio es muy amable, pero accidentado. Puede ocurrirte que cuando vayas no tengan facturas y tarden en resolver la situación. Aún así, el 12:30 es un sitio agradable para cenar (las tardes no son su fuerte); de postre, quizás te toque uno que otro galán.

En la cima del World Trade Center, el Bellini recibe al cliente con música de piano y gigantes crustáceos (especialidad de la casa) que nadan en el agua minutos antes de aterrizar al platillo. Éste es el caso de la Langosta Thermidor, que, con su cuerpo de más de un kilogramo, permite que los champiñones naden, ya sea en una salsa de crema y queso o en la frescura de un rebosante cilantro.
Este tradicional restaurante, que sirve comida típica mexicana, ha motivado leyendas locales y canciones populares. Se dice que un fantasma ronda por el local. Fundado en el siglo XIX, ha sido visitado por múltiples personalidades, desde presidentes hasta artistas del momento. Su decoración se basa en azulejos de Talavera en una casa de tipo colonial con mobiliario de madera tallada y colores tradicionales como azul rey y naranja. La estudiantina canta mientras sus visitantes degustan los platillos de enchiladas, tamales o pan de dulce horneado el mismo día.
Dos pescadores birmanos sobrevivieron durante casi un mes en alta mar dentro de una nevera portátil, después de que su pequeña embarcación se hundiera en el Estrecho de Torres, entre Australia y la isla de Nueva Guinea.